Archivado en: 03. Angustias
En mitad de este universo plagado de desvaríos e inteligencia extremadamente limitada. Entre la espada y la pared y sin poder mover ni un solo dedo. Es frío, triste, húmedo y me duele. Me hace daño aquí. "¿Cómo es el dolor?", dice él. Juega conmigo cual marioneta vieja y hajada. Y se divierte conmigo. "¿Cómo es el dolor?", repite de nuevo. No le sé contestar. Juega más y mejor. "¿Las heridas duelen?", pregunta ahora en tono infantil. "Sólo un poco, curan rápido", digo entonces yo. "¿Cómo es el dolor? Nunca me han herido de verdad y me preguntaba cómo se siente..." No sé qué contestar. A pesar de mi experiencia, no puedo contestarle. Me tiene prisionera y no me deja respirar. Quiero salir, salir, salir de aquí. Y no puedo decirlo. Ni pensarlo siquiera. Él tiene la capacidad para convertirse en muchas cosas y obligarme a quedarme donde estoy. Paralizarme y dejarme hecha trizas. Y lo hace. Puede. Cuando quiero hablar, me cierra la boca. Cuando quiero pensar, me hace dormir. Cuando quiero andar, me pone obstáculos para que decida volver hacia atrás en lugar de ir hacia delante. Cuando quiero gritar, me deja afónica. Y estoy impotente. Y no sé qué hacer. En mitad de este universo plagado de devaríos e inteligencia extremadamente limitada. Entre la espada y la pared y sin poder mover ni un solo dedo. Es frío, triste, húmedo y me duele. Me hace daño aquí. "¿Cómo es el dolor?", dice él. Juega conmigo cual marioneta vieja y hajada. Y se divierte conmigo. "¿Cómo es el dolor?", repito entonces yo. "El dolor, para mí, es no poder decir lo que quieres, donde quieres, cuando quieres y que, además, nadie te comprenda."