Archivado en: 11. Lágrimas
Ayer me di cuenta de que nunca escribo sobre mi pasado. Supongo que, en el fondo, no me gusta que la gente conozca ciertas facetas de mí. Supongo que, como tod@s, tengo cierto temor a que no se encaje bien lo que dije o hice. De todos modos no creo que a nadie le interesase.
Hoy es mi santo y, en lo que va de dia (16:10) sólo me ha felicitado mi madre. En fin... gracias, mamá. [...] Hoy estoy triste. Pero no como siempre, no como suelo describir a la tristeza a menudo. Hoy es mucho mas que eso. Vuela hacia un límite que, hasta hoy mismo, no conocía. Y es cierto eso que dicen que se puede llorar riendo, porque yo hoy lo hago. Hoy preferiría morir una y otra vez durante lo que queda de día sólamente para no tener que experimentar esto que me oprime justo aquí. Pero no puedo hacerlo. Al menos no hoy.
A vosotras:
Me parece que sabéis cuándo estoy mal. Hoy, por ejemplo, parecía que disfrutábais restregándome vuestras anécdotas. Sé que habrá de pasar mucho tiempo para que me suceda lo que a vosotras ahora... ya lo tengo asumido. Pero... ya vale. Ya es suficiente. Estoy agotada. Total y completamente destrozada. Por favor, dejadme en paz. Os lo suplico, dejadme en paz. Ya. Ya está. No necesito saberlo. No quiero que me lo contéis. Estoy muerta, me habéis asesinado entre tod@s, no os empeñéis en clavarme nada más.
Espero que seáis felices y comáis perdices. Y no deseo que os atragantéis con las perdices y que os muráis ahogadas, porque... porque yo sí soy una buena persona en ese aspecto. Porque ante todo soy una buena amiga. Porque mi misma virtud es mi mismo defecto. Porque, quizá por eso, no sea como vosotras ni me pase lo que a vosotras. Porque puede que sea así, pero no voy a cambiar. Porque también estoy cansada de todo esto. Hastiada de vosotras y de vuestras absurdas, aunque terriblemente taladrantes, historietas. Porque he llegado a un punto en el que ya no puedo más. Porque estoy en la esquina del banco, al borde de la mesa y a punto de caer al vacío. Y, si lo hago, quiero que esto quede muy claro. Quiero hacer constatar lo que pienso. Quiero que sepáis que, probablemente, el vacío sea mejor amigo que vosotras.
"Ellas llevan pasando de ti desde primero", fueron las palabras de alguien muy cercano. Inconscientemente respondí un "Ya lo sé, pero antes era más llevadero. Ahora, en cambio...". Repito: inconscientemente. No, no lo sabía. No me habia dado cuenta. No había abierto los ojos hasta ese dia y no quería asumirlo. Supongo que todos tenemos un límite, pero yo ya he pasado el mío. Ahora ya está, todo se acabó. Ya no tengo nada que me una a esto. Ya no puedo ir hacia el horrible lugar pensando en que, quizás, cuando llegue el viernes, pueda salir con vosotras y pasárnoslo como antaño hacíamos. Ya no puedo pensarlo, porque sería darme falsas esperanzas. Y ya me di demasiadas. Y os diré una cosa: jamás creáis que vuestras esperanzas son ciertas, porque cuando llega el día en que la burbuja estalla, salir al mundo real es un millón de veces más duro que antes. Y espero que el consejo os sirva mejor que a mí, que me he dado una bofetada con la realidad.
Yo no tendré una persona por la que suspirar, ni tampoco alguien que suspire por mí... ¡ni tampoco dos personas que lo hagan, por supuesto!... pero, al menos, tengo algo que vosotras no tendréis jamás. Dolor y tristeza. Nunca nadie dijo que yo haya de tener algo mejor que lo vuestro para poder decir esa frase. No estoy orgullosa de tener esas dos cosas que, estoy convencida, no tendréis ni en un millón de años. No estoy para nada orgullosa, aunque, debido a vuestras cortas entendederas, eso es lo que creáis. No, ni mucho menos. Pero ésas son las únicas dos cosas que he encontrado en este mundo (no materiales) que yo tengo y vosotras no. Porque no, que la persona de tu suspiro no te pida la hora no es motivo para entristecerse. Y no, que la persona de tu suspiro no te pida un limón, aunque esté en la puerta de al lado, tampoco es para entristecerse. Vosotras no sabéis lo que es estar triste. Y tenéis suerte por ello. Disfrutad siempre de esa alegría que os caracteriza. Disfrutadla como si fuese la mía también. Y... a veces creo que los repartos no se hacen bien, así que disfrutad la alegría que debía haber sido para mí, por favor.
Algún día nos volveremos a ver y vosotras seguiréis tan perfectas como siempre. Algún día os observaré a lo lejos y podré apreciar los notorios cambios que habréis hecho en vosotras mismas. Ese día todo volverá a mi mente. Golpeándome poquito a poco hasta volver a morir. Desgarrándome como habéis hecho hoy y pudiendo conmigo una vez más.Y, entonces, desde algún banco sonreiré. Y sabré que de verdad sois vosotras porque sentiré lo mismo que he sentido hoy. Y no podré demostrarlo y tendréis engañado a quien esté a vuestro alrededor. Y me llamarán loca y dirán que os tengo envidia... y, ¿quién sabe? quizás tengan razón. Pero yo lo sabré. Yo siempre estaré observando desde aquel banco. Desde el banco que, misteriosamente, el verano pasado me llamó y acogió. El banco que escogí para el resto de mis días. Y entonces, si algún día vosotras me veis, seréis igual que ahora conmigo. Y yo sonreiré, pero una tenue y fina lágrima se abrirá paso entre mi mejilla derecha. Y será tan pequeña que, para vosotras, será imperceptible. Y lo sé. No sé por qué lo sé, pero lo sé. Y espero que, si algún día podéis llegar a verme llorar, sepáis qué es una lágrima, porque dudo que hayáis visto alguna de verdad. Y entonces yo os diré: "Poned una lágrima en vuestras vidas y sabréis lo que es ser yo." Y me marcharé, llorando, quizá para no volver jamás. Pero estaré, como siempre. En alguna parte del mundo estaré. Llorando, como siempre, haciendo honor a lo que más me caracteriza.
Espero que, aunque pasen muchos años, me recordéis.Ya no me importa cómo ni por qué, sólo recordadme. Si bien no como 'la rara', al menos como 'la lluviosa'.
Ya sabéis quién.