Archivado en: 06. Cursilerías

Hoy encontré a mi alma gemela. Frente a mí, a un par de pasos podía alcanzarla. Estoy segura de que muy poca gente podía verla. Entre aquellos matorrales, aquellos hierbajos que la hacían ser un poquito peor. Entre aquella pudredumbre, aquella plebe vegetal, se podía vislumbrar una pequeña florecilla débil y enclenque. Que hacía brillar el sol, aún cuando el día está nublado y que hacía correr la brisa caliente, aún cuando la temperatura era un tanto baja. Mirar hacia ella era respirar vida. Hubo un momento en que pareció que me miraba... y eché en falta la cámara. Porque me di cuenta de que un segundo más tarde, su tallo la hacía girar hacia una gran carretera frente a ella. A lo mejor soñaba con salir de aquel matojo de helechos... O a lo mejor no, quién sabe. Así y todo hubiese sido una foto preciosa. [...] Sería como si esa pequeña flor (ya no tan pequeña) pudiese comerse el mundo. Espero que mañana esté ahí, en el mismo lugar. Y espero, también, que para el lunes que viene pueda capturar algún instante como ése. Para que os hagáis una idea... era parecida a la de la foto.