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Viernes, 11 de febrero de 2005


Día 90: La historia de cómo Plácido se convirtió en Taciturno

Archivado en: 02. Alegrías


Hoy he recordado una cosa que creía olvidada. A veces me sorprendo. Recuerdo que, hace unos cuantos años, solía salir del cole por la tarde e ir a un parquecillo que había (y aún hay) cerca. Recuerdo que podía pasarme horas y horas los viernes con l@s amig@s de clase y con l@s llamad@s "amig@s de parque". A veces ni siquiera jugaba, sólamente hablábamos (sobre todo los últimos años, cuando no nos satisfacía del mismo modo aquello de corretear y pulular por ahí hasta las, para nosotr@s, aquella entonces, altas horas de la tarde). Recuerdo a la perfección la primera vez que mamá me dejó cruzar la acera sola para ir a la tienda de chuches que había (y hay) frente al parque. Recuerdo la primera vez que pude subir a lo más alto del tren que allí había (y hay) y tirarme sin miedo. Recuerdo la cantidad de rasguños y cicatrices que me hice jugando allí. Recuerdo hasta la primera vez que me quedé en el parque sin mamá. Recuerdo que la llamé desde el móvil de la madre de un amigo y que me dijo: "Vale, puedes quedarte, pero cuando vuelvas a casa, ten cuidado y mira antes de cruzar." Sí, recuerdo muchas cosas.

Recuerdo la tienda de chucherías perfectamente. Recuerdo los colores que tenía (amarillo y blanco) y que más tarde fueron sustituidos por otros, los que aún están (rosa y aguamarina). Recuerdo que el dependiente era un friki, aunque yo de aquella entonces no supiera lo que es eso. Recuerdo que al principio estaba muy sucio y hasta daba corte ir a comprar allí, pero recuerdo también que tras unos años, otras personas compraron el local, dándole así otro aire un tanto más higiénico.

Recuerdo el parque anexo a este que estoy diciendo. Un poco más pequeño y con más tiendecitas. Había un videoclub (ahora es una inmobiliaria) y una tienda de juguetes, o algo así, en la que también vendían chuches (ahora ya no sé ni lo que es). Recuerdo que el camino del parque grande al pequeño estaba prácticamente prohibido para todo aquel que no tuviera, como mínimo, ocho o nueve años. Recuerdo que adoraba estar en el parque y adoraba jugar con mis amig@s. Pero también recuerdo cómo poco a poco fui perdiendo el interés. Y cómo, paulatinamente, la zona en la que el parque estaba (y está) situado fue decayendo, convirtiéndose en lo que es ahora: un taciturno lugar de reunión para gente de mala reputación y un buen sitio de intercambio de sustancias lógicamente nocivas y adictivas para todo aquel que se precie, sin importar lo más mínimo la edad del cliente, en el que cada mercader tiene su zona y cada uno tiene una oferta mejor que la del anterior.

Así y todo, aún sigue habiendo niñ@s jugando en ese parque. Ahora, la verdad, no me duele ver lo que es. Me gusta recordar cómo fue... y cómo me hizo. Porque, desde luego y sin duda alguna, ese parque fue parte de mi infancia.

Por cierto... felicidades a Marta, que hoy está de cumple. Cuando quieras te doy tu regalito ;)


Escrito por Ángela El 02/11 a las 17:05
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