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Una canción lenta, romántica y a la vez triste, sonando en el auricular izquierdo de mi MP3. En la cama de papá y mamá, tumbada de lado, mirando hacia el trocito de la calle que se puede adivinar; en el único hueco en el que la persiana no está bajada. Con el firme, constante señor Don Lorenzo acariciando mi nariz, mis párpados (los cuales luchan por no dejarse vencer en la batalla contra los polvitos de Mr.Sandman), mis mejillas, mis brazos, mis manos (una dudando si continuar haciendo el esfuerzo de sujetar el aparato que brinda a mis oídos esa dulce melodía y la otra entre mis piernas, a la altura de las rodillas, que están flexionadas) y todo mi cuerpo.
En el limbo de los sueños, entre este mundo y mi mundo, con un pie en el tren hacia mi mundo de fantasía e ilusión... consiguiendo dormirme. Y deseando fervientemente que esa sensación no se acabe, claro. Pero se acaba, se está acabando... se acabó. Pero no como yo quería; me he despertado de ese pequeño trance. ¿Por qué siempre tiene que salir todo al revés? He de esperar y pasar el chaparrón de desafíos, vergüenzas, miedos, dudas, lágrimas tontas, nervios y... luego... solo calma. Y vuelta a empezar. Espero poder descansar tranquila, como siempre he deseado. Odio que me despierten, pero odio más que sea otra gente la causante de que lo hagan.
Por cierto, agradecería que visitárais a Lucía, para que no se queje. :P