Archivado en: 02. Alegrías
A las que estais ahí, ya sabeis quiénes:
Por hacer que cada día brille un rayito de sol para mis ojitos tristes. Por conseguir ver el buen camino y ayudarme a encontrarlo, e incluso hacerlo conmigo. Por dejarme ver las estrellas de nuestro mundo; las estrellas del amanecer, las estrellas que, difusas, se entremezclan con nuestro ostentoso cielo, de día, pero como si fuera de noche. Por haber cuidado de mí tan bien, ¡e incluso las que son más pequeñas que yo, aunque solo sea un año!. Por quitarme los malos hábitos y haberme brindado un cariño propio de vosotras. Por haberme ofrecido grandes mañanas, tardes, noches, madrugadas.... por permitirme expresarme y ser yo misma con vosotras. Por aceptarme tal como soy.
Por los berrinches y las charlas y los llantos y las risas y los dolores y las paranoias y los nervios y la ternura y las anécdotas y los consejos. Por todo eso y más. Porque nunca podré pagároslo. Por hacerme ver las cosas de diferente manera. Por escucharme y alentarme en los malos momentos... y animarme y felicitarme en los buenos, por supuesto. Porque sois lo mejor que me ha pasado en la corta vida que llevo. Por vuestras experiencias vividas y por todo lo que os queda por vivir, que ya me contareis. Por cogerme de la mano y no soltarme cuando pretendía caer. Por darme motivos para seguir mi rumbo. Por vuestra solemne e infinita paciencia conmigo. Por todo lo que compartimos juntas.
Por hacerme usar la imaginación en inviernos fríos y duros, creando, para mí misma, un lugar plácido y hermoso, con un océano, un atardecer, un poco de arena y una leve brisilla, ya sabéis de qué sitio os hablo. Porque a algunas os encontré en el camino y a otras ya os tenía conmigo mucho antes de que supiera andar. Porque os quiero a todas, porque sois mis mejores amigas. Porque mereceis muchísimos elogios y admiraciones por mi parte. Por haberos comportado así conmigo, a veces pienso que soy yo la que no os merezco. Por las cosas triviales del día a día y las importantes, de solo un día en un año. Por preocuparos por mí. Por, simplemente, estar ahí. Conmigo, día a día.
Por eso, porque no hay que dar más explicaciones. Porque con eso me basta, me sobra, me es suficiente. Por eso os doy las gracias. Y os estaré eternamente agradecida. Y no me cansaré de repetirlo. Lo diré y lo diré y lo diré hasta que encuentre un mínimo deje de inexorable malicia contra mí o contra alguna de vosotras mismas.
Gracias.