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Jueves, 19 de mayo de 2005


Mi primer "amor"

Archivado en: 11. Lágrimas


Y Raquel dijo: "No es posible. No, no me lo creo; porque siempre hay alguien ocupando nuestros corazones. Sea quien sea, siempre hay alguien."



Y yo, tonta de mí, creí a pies juntillas lo que yo misma quise creer. No sé si es o no cierto lo que dijo Raquel, pero... pero a estas alturas yo ya no me creo mucho acerca de nada. Para quien no lo sepa, Raquel es la hermana mayor de Soraya; menor que sus otros dos hermanos, Jesús y Vanesa; Raquel tiene 20 años.



Raquel me dijo aquello cuando nos preguntó a cada una de las tres si nos gustaba algún chico. Y yo, tras mi primer (y único, hasta el momento) fracaso amoroso, le dije que no, que no estaba por nadie. Y lo mantengo. Ya hace un año que dejé de mostrar interés por los chicos en ese sentido. Y tampoco ellos lo han mostrado por mí en dicho sentido.



Hoy volví a ver a Rubén y me entró un no-sé-qué por dentro. Quizá fue entonces cuando me acordé de la dichosita frase que me ha estado martirizando todo el día. Él me miró de arriba a abajo discretamente y puso una sonrisita que... ¿para qué engañarlo? me dio ganas de reventarle la cabeza contra el mostrador de la cafetería. [...] Recordé, no sin dolor, que gracias a él pude conseguir aguantar sin perder la esperanza hasta el último día; consintiendo cosas que yo misma sé que jamás volveré a consentir.



Él me hizo sufrir como el que más. Sus amigos, que, casualmente, habían sido compañeros míos en el colegio, me trataban fatal y aún no he conseguido averiguar por qué. Pasé una larga temporada sin poder dormir bien por su culpa; pero yo seguía ahí. Con una amplia sonrisa disponible a todas horas del día, simplemente para él. Yo aguantaba todo lo que hiciera falta solo para conseguir que me mirara o que me sonriera (aunque nunca me sonreía a mí, siempre a alguna chica que estaba detrás de mí).



Yo veía lo que quería ver, escuchaba lo que quería escuchar e interpretaba lo que quería interpretar. Él mismo se daba cuenta de lo que yo sentía y le encontró la parte buena. Era cruel a propósito, me daba esperanzas y luego se reía de mí, era mezquino y ruín... solo porque era yo la que estaba por él y no otra mucho mejor. Estuvo todo el año dándome ilusiones y, cuanto menos tiempo de curso quedaba, más esperanzas me hacía tener... hasta que, por fin, el diez de junio, que fue cuando hubo la excursión a Terra Mítica y nos marchamos toda la clase, se rió de mí todo lo que quiso y más.



Al mismo tiempo que Rubén me ilusionaba, Soraya y Verónica unían más sus lazos; y yo, como estaba embobada, no me percaté de esto. La excursión fue para mí, en su día, la mejor de toda mi vida. Me lo pasé genial y era lo que yo siempre había entendido por una excursión. Éramos una clase unida. [...] Pero no, ni mucho menos. Eso es lo que creí cuando sucedió. Meses más tarde me di cuenta de que lo único que pasó aquel día fue que, las que se suponía eran mis mejores amigas, me dieron de lado para centrarse en ellas mismas y que, además, fui el hazmerreír de todos los chicos de mi clase.



Yo no quería hacerles daño ni a Rubén, ni a Soraya ni a Verónica ya que a los tres los quería de maneras diferentes. Izan, Andrés, Antonio, Ferrer, Jesús, Iván y Francisco Soria eran los amigos de Rubén. Izan siempre ha sido (y lo sigue siendo) un chulo que va con quien le conviene. Andrés era el chico por el que Soraya estuvo durante cuatro años (este año "cambió" de chico y se dedicó a hacerse la mayor intentando ligar con un chico de dieciseis años), era igual que Izan, pero sin la parte graciosa que solía tener él cuando quería; era un gilipollas, con todas las letras.



Antonio era un chico más bajito que yo, que siempre estaba intentando tocarnos todo a todas; en el fondo era muy buen chaval, porque me vio llorando muchas veces, me vio hundida y ni se le ocurrió burlarse de mí, si no todo lo contrario: me animó y me dio buenos consejos; pero solo en el fondo. Supongo que no suele mostrarse así con nadie. Hace poco hablé con él y había vuelto a ser el mismo fantasma de siempre. Chulito, salido, machista, malhablado y ...culé :P. Es uno de los pocos de aquel grupo que me gustaría encontrármelo por la calle de aquí a unos cuantos años.



Ferrer (Raúl, para los amigos) siempre fue buen chaval. Hasta sus amigos se reían de él, por eso a veces venía con nosotras, a intentar tener un momento de paz y tranquilidad. Jesús era un quiero-y-no-puedo de Izan y Andrés (que eran como los líderes del grupo). Estuve con él en primero y segundo pero, ahora que ha repetido, ni se digna a mirarme. En cambio a Soraya y Verónica sí; igual que Izan. Iván ha sido siempre amigo de Soraya, pero no aprobaba todo lo que ella hacía. Iván era un chaval noble, con los pies en la tierra y muy serio para su edad. Siempre nos llevamos bien. Soria... fue uno de los peores, junto con Rubén. Fue el causante de muchísimas noches largas y oscuras, de muchísimas lágrimas y angustias. Se reía de mí, se burlaba, no me dejaba atender en clase... e incluso a veces me pellizcaba.



Como estaba por Rubén, éso me hacía seguir hacia delante. No importaba cuántas veces fuera humillada públicamente si podía verlo. Así que aguantaba cualquier cosa de Francisco Soria. Desde que me escupiera en la silla hasta que me hiciera burlas en alto, para toda la clase. Lo que fuera. En Mayo y Junio del año pasado yo ya empecé a darme cuenta de las cosas (a querer verlas, que es diferente) así que lo pasé peor que el resto del curso. Mi paciencia se redujo a lo mínimo, lloraba cuando me daba la vuelta y agachaba la cabeza para coger los libros, me tragaba mi propio sufrimiento y me hacía la fuerte. Era peor mostrar debilidad: comprobé que no tenían escrúpulos. Una vez yo estaba enferma, con treinta y ocho y medio de fiebre apoyada contra la pared y sentada en mi silla. Vino Rubén y me empezó a tirar cereales a la cara. Soria lo encontró gracioso y me tiró kikos, a propósito y con fuerza. Soraya y Verónica se limitaban a mirar. Yo cerraba los ojos para evadirme: no tenía fuerzas para gritarles y comenzar una pelea con ellos.



Cuando terminó el curso me quité una gran carga de encima. Quería llorar de la alegría y todo... :P Al comenzar 3º de la E.S.O, Rubén y Soria seguían en el mismo plan. Con las miradas asesinas que le echaba a Rubén, ya se percató de que no le iba a aguantar ni una más, por lo que dejó directamente de mirarme, al igual que Jesús e Izan. Soria, en cambio, fue más difícil de "vencer". El día que se dio cuenta de que estaba hasta los topes fue cerca de mi cumplaños... el 19 de Noviembre, si mal no recuerdo.



Era viernes, a las diez y media de la mañana. Yo tenía la mochila porque me tocaba educación física justo después de ese recreo. Soria, en un descuido, me cogió la mochila y me la puso en una montañita que hay al lado de las pistas donde me pongo yo. Yo, cargada de paciencia y recordando viejos tiempos, anduve y anduve hasta conseguir llegar hasta donde estaba la mochila y, cuando estaba a punto de cogerla, vino Rubén y se la llevó a otro sitio. Ni Soraya ni Verónica vinieron a ayudarme. Mientras tanto los amigotes se reían de mí. Yo trataba de aguantar y aguantar... pero a la quinta vez que me cambiaron la mochila de sitio, enganché a Rubén por la camiseta y lo empotré contra las vallas del instituto.



Recuerdo que le pregunté si le hacía mucha gracia; él contestó que sí, asientiendo, mientras ponía una sonrisa que nunca jamás se me borrará de la memoria. Los demás seguían riéndose, Soria me seguía cambiando la mochila de sitio, Soraya y Verónica no hacían nada y yo no sabía qué hacer. No lloraría, porque sería peor. No chillaría, porque iba a quedar como una lunática. No correría tras Soria, porque sería como un teatro para los amigotes. Y no iba a zurrarle a Rubén, porque habría sido lo peor que habría hecho en mi vida.



Así que me fui, volví a mi sitio, con Soraya y Verónica, que me aguantaban de la mochilita pequeña Adidas donde llevaba la colonia y la ropa para cambiarme. Soria me devolvió la mochila y hasta que no quedaron cinco minutos de patio no sucedió nada. A menos cinco, yo iba a coger mi mochila para irme, pero llegaron ellos dos a joderme de nuevo. Cerré los ojos, lo que podía pasar estaba en mi cabeza, en forma de imágenes y no me gustaba. Pero si así conseguía que se acabase todo, lo haría. [...] Y lo hice. Aunque me quedé con ganas de más. Eché a correr detrás de Soria, que era el que tenía mi mochila en la mano. Debía de tener la cara de más puro odio que haya yo tenido en mi vida, porque se puso pálido. Soltó la mochila y me dio igual. Iba a acabar lo que había empezado.



Rubén dejó mi mochila al lado de Soraya y Verónica y fue directo a ayudar a su amigote. Se puso delante de mí y yo paré. No pensaba pelearme con Rubén, a pesar de las ganas que le tenía. Me calmé temporalmente y me di la vuelta, mientras sonaba el timbre. Cogí mi mochila y mi mochilita Adidas y bajé de las pistas acompañada de Soraya y Verónica. Ellos iban delante... y pude oír cómo se reían y burlaban de mí. Y fue lo último que les dije. Ha pasado un año y aún no les he dirigido la palabra.



Si los hubiera tenido mucho más cerca, estoy segura de que los habría reventado y machacado hasta lo más mínimo. Pero no, había un grupo de unas seis personas entre ellos y yo, volviendo hacia clase. E hice algo que suena ridículo, pero que me hizo sentir genial en aquel momento. Después de tanto tiempo... exploté. Llevaba mi mochila en la mano derecha. Y dije:



-Os hace mucha gracia, ¿verdad?- gritando, y la gente se paró. Ellos contestaron un sí al unísono entre risotadas. Y entonces yo chillé. - ¡OS ODIO! ¡SOIS UNOS CABRONES! ¡HIJOS DE PUTA!- Alargué la "a" todo lo que pude, mostrando mi odio. La gente se apartó, dejando que los susodichos vieran lo que iba a hacer. Levanté mi mano derecha casi inconscientemente, dejando salir la furia que había contenida en mí. Y, sin pensarlo detenidamente, tiré la mochila al suelo con toda la fuerza que tengo. [...] Y sí, me cargué mi propia colonia. Y me sentí estúpida por haber roto mi colonia favorita, que además era un regalo. Pero era la colonia o era yo. Los insultos no iban para sus madres, solo era un método de ataque. Porque estaba desesperada.



Así que ahí se dieron cuenta de que se habían pasado. Y Soria no volvió a molestarme. Me mira, pero no me dice nada. Ahora suele dedicarme una sonrisa triste.



Después de que mi primera experiencia amorosa fuera tan... así, no me quedan ganas de volver a repetirlo. Aún no estoy curada, así que puedo decir que en este momento no hay nadie en mi corazón en ese sentido. Raquel se confundió... aunque a lo mejor esa teoría funciona con la mayoría de la gente, que no digo que no.



Me gustaría poder haber contado algo más alegre y menos largo, pero... pero hoy es hoy. Hoy hace un año ya. Y eso no se cambia. Algunas noches aún me cuesta conciliar el sueño... pero luego pienso en otra cosa y se me pasa. No puedo olvidarlo. Al fin y al cabo... ¿no dicen que el primer amor siempre se recuerda?


Escrito por Ángela El 05/19 a las 17:53
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