Archivado en: 11. Lágrimas
No es fácil; lo parece, pero no lo es. Tienes que escuchar todas las perspectivas. Tienes que entenderlas y, sobre todo, no mostrar tus sentimientos. Tienes que aguantarte y morderte la lengua. Tienes que escuchar, pero nunca intervenir. Tienes que asentir, poner cara de póker y luego olvidarlo. Pero eso es solo si te lo cuentan a ti. Si es una discusión que escuchas porque sí... es peor. Tienes que luchar contra el deseo del llanto indeterminado. Tienes que hacerte la dura y no pensar en lo que se está diciendo. Tienes que parecer normal; ni triste, ni enfadada ni nada que se le asemeje. No puedes decir "¡Sí, ahí estamos!" a la persona que piensa lo mismo que tú.. porque en teoría tú eres neutral.
Se da por sobreentendido que tú no piensas ni tienes ideas propias. Se cree que pasas, o que no te interesa. Y cuando alguien te defiende, no puedes decirle luego "Muchísimas gracias", porque en teoría eres neutral. Lo más jodido viene cuando tu reputación está en juego en el mismo momento en que estás ejerciendo de neutral. Cuando dejas de ser un comodín, un juez... y empiezas a estar en el ajo. Porque entonces nadie está de tu parte... eres tú contra el mundo; y llevas las de perder.
No tienes excusa, o al menos es lo que se piensa de ti. Pero sí que la hay, y para el ser neutral es la mejor. Alguien que es neutral, puede serlo por varias razones... la mía es por miedo. No me gusta que me griten, ni que se peleen conmigo, porque siempre acabo llorando. Me siento inferior, y si me gritan, muchísimo más. No soporto que nadie me soporte... tengo miedo de las reacciones de la gente. Y sí, es triste o malo o patético o lo que quieras... pero es cierto. Tengo miedo de lo que pueda suceder, así que no muestro mis pensamientos al mundo... por miedo a ser ofendida o humillada o algo así..
Pero hay veces que me gustaría poder ser yo la que grita... la que chilla y dice cosas sin pensar, la que no se lo piensa dos veces antes de responder. Ésa, la que no sale nunca y reprimo siempre. He aprendido a contenerme, a cerrar mi boca, inhibirme a mí misma, en cuanto oigo ciertas palabras. Es como un radar... no para nunca. Siempre en constante movimiento, esperando para poner en marcha el mecanismo que hace que yo me convierta en un ser neutral. No me gusta decir que lo soy... ni tampoco por qué lo soy. Pero hay veces, como ésta, que necesito refugiarme en un rincón. Escribir en un papelito mis más profundos sentimientos y romperlos, para dejar que se pudran en ese lugar oscuro y lúgubre de mi corazón.