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Sábado, 01 de octubre de 2005


11%

Archivado en: 03. Angustias


[Fin de semana nº3]

No sé lo que pasa. Simplemente estoy dentro, como en Matrix. Reconozco mi reloj: son las diez treinta y cuatro de la mañana. De pronto aparece Mamá como por arte de magia. Triste, sola, apesadumbrada y con ojeras: me anuncia que no voy a clase. Asiento, graciosa y alegre. Ella sonríe con tristeza.

Al reír me percato de mi voz ronca y echo mano rápidamente a mi garganta; entiendo el porqué de mi falta de asistencia a clase. En mi pequeño trayecto hacia el salón me doy cuenta de que estoy en pijama, uno que hacía años que no me ponía y que acabo de descubrir, no sin sorpresa, que me sigue viniendo bien. Son las once en punto y yo no me lo creo. "¡Qué rápido pasa el tiempo!", pienso para mis adentros. Mamá se sienta a mi lado en lugar de en su sillón de siempre: me abraza. Correspondo su gesta, quedando yo bastante mal y nos separamos.

Pronto tenemos que ir al médico. Me visto, pero ni me fijo en la ropa; por las miradas de la gente de la calle, deduzco que no es una buena combinación. Espero las palabras crueles disfrazadas de inocencia de Mamá, pero al mirarla, ella me sonríe de nuevo con ese deje de tristeza que se asoma por la comisura de su boca y que, por mucho que quiera, no puede ocultar. Hemos llegado; y de nuevo me asombro por la rapidez en que corre el tiempo.

Me duele la cabeza, echo mano a ella, apretándola por el dolor que siento. Como flashes de luz, como un montón de fotos, me azotan y cierro los ojos, pero sigo viéndolos. Todo para, estoy ya en la consulta. Ha sido como una laguna, pero me recupero. Viene un hombre alto y de batín blanco, al cual no le veo la cara. Parece un cómic, tiene la sombra exacta para taparle los ojos. Me recuerda a Sin City y río un poco: el hombre me mira y me pregunta que de qué me río. Y yo entonces callo.

Le pasa a Mamá una hoja blanca, y ella trata de sonreír, pero no puede. Yo le arrebato la hojita muy a su pesar y sólo veo "11% de posibilidades". No es que esté borroso o algo así: es que es lo único que veo. Como en un videojuego, que hasta que no destapes una clave no puedes volver a un lugar y percatarte de algo nuevo. De nuevo los flashes, pero esta vez son muchos más. Y también duelen mucho más.

Estoy en la cuesta abajo del instituto, paseando a la izquierda de Mamá. El día está medio nublado, y entonces aparece Iván corriendo por el paso de peatones. Va vestido con los colores de No soy la típica friki, y no puedo reprimir una sonrisita burlona. Me pregunta que qué tal, y yo contesto asombrada, porque no me esperaba que él lo supiera. Le digo que bien, y otra vez los flashes. Sara está delante de mí, tirando a la izquierda. Lleva una torerita negra, sus pantalones vaqueros oscuros, las zapatillas de deporte, una camiseta blanca bajo la chaqueta y el pelo recogido en una coleta en medio con el resto del pelo suelto. Ya es de noche.

De nuevo, me preguntan que qué tal. Digo que bien, que tengo el 11% de posibilidades. A Sara le cambia la cara, y me abraza. "Lo siento", me dice al oído. "Lo siento, ¿por qué?", pregunto sonriendo. Ella se echa las manos a la boca. Yo ya no sonrío. De nuevo los flashes, ya no puedo controlarlo, estoy chillando como una loca. Aparezco en el sofá grande del salón, Mamá está llorando.

Le pregunto que qué pasa, y ella me da el papelito. Pone: "11% de posibilidades de vivir". Se me cae el mundo. Pequeño flash y aparecemos en la entrada, frente al espejo. Yo la abrazo y parece más pequeña de lo que es. Por primera vez en todo el día me veo la cara. Estoy más pálida de lo normal, tengo ojeras, los labios morados y un aspecto horrible. Amén de unas cuantas rojeces y granos un poco extraños. Mis brazos están igual; yo estoy igual. Toso, y mi mano se mancha de mi propia sangre. Llevo el pelo recogido en un pequeño moño bajo, y vuelvo a estar en pijama.

Me miro a los ojos, me da miedo lo que me inspiro a mí misma. Parpadeo y estoy bien. Mamá susurra "Un mes", y yo ya no puedo más, rompo a llorar. Me duele el corazón, mi mano va hacia mi pecho. Y se oye como un corte y una caída. Me acabo de dar cuenta mirándome a los ojos. Es un sueño, puedo pararlo. Lo estoy pasando bastante mal como para seguir. Así que me despierto, respirando dificultosamente. Toco mi cara; está húmeda porque estoy llorando. Me sigue doliendo el pecho, pero no tengo granos ni rojeces. Bufo con ganas.

Hacía tiempo que no tenía un sueño tan intenso como éste. No me despertaba llorando desde que soñé que Mamá moría y todo era especial y tétricamente real para mí. Disculpad si hoy estoy un poco espesa. A pesar de lo que parece, me ha llegado bastante.

Menudo principio de mes...

Escuchando: Lento (Julieta Venegas)
Sintiendo: Dolor.. pero él ha aparecido..


Escrito por Ángela El 10/01 a las 12:55
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Comentarios


ó_ò lo siento mucho....yo tuve un sueño de ese tipo, cuando soñé q mi hermana tenía sida, aunque fue mucho menos real: una foto de mi rmana alejandose de mi mientras su cara se llenaba de puntitos negros...lo siento mucho, de verdad. besotes =*


Comentario de Carla el el 10/01 a las 14:28

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