Archivado en: 11. Lágrimas
Ella: ¿Qué te pasa, estás mal?
Yo: Nada... sólo es que... acabo de venir de la estación de autobuses de despedir a alguien muy importante.
Ella: ... Volverá.
Yo: ¿Qué?
Ella: Volverá. Siempre vuelven. [...] Uy, es mi bus. ¡Hasta luego!
Autobús nº22, línea de la Universidad. Era una desconocida, y desde el autobús se despidió.
Y de él, un beso con sabor a un mísero cigarro después de tres meses, y una promesa.
Prometí que no lloraría, pero no pude evitarlo. Me temblaron las piernas, lloré como nunca viendo cómo se marchaba con la mano en el cristal de la ventanilla que tenía a la izquierda el asiento número 36. Allá, en el andén 4, sentada en el banco con ella cogida de la mano.
Y sentir, sin querer, cierto rencor hacia el momento. Deseando que en cuanto volviera a parpadear, fuese el día 24 a las diez y media y abrirle la puerta...